Las Patas de Don Perrufino.


¡Pipoles! Les cuento que voy camino para Danli para un evento que me han invitado que se llama “Necesitamos Nietos” el día sábado, algo que está muy poderoso. Con esto de estar con abuelos y ser nietos solo me recuerda unas aventuras que tuvimos con Don Perrufino, mi abuelo que fue el que me crió por muchos años y que aprendí muchas cosas de la vida.

Me recuerdo un día que salí al patio y a mi abuelo sentado muy cansado bajo la sombra de un árbol, en parte vi que no se movía y me acerque a él, me senté, lo vi a los ojos, moví un poco la cola, pero el no hizo más nada, finalmente le pregunte si estaba bien… solo me dijo “estoy bien, gracias”. No quise molestarlo, me quedé calladito al lado de él, vi cómo se miraba una de sus patas y me dijo ¿Te has mirado las patas alguna vez? No entendía nada y él lo noto, fue cuando me contó una historia.

"Estas patas débiles y ya muy arrugadas las he usado toda mi vida para alcanzar, agarrar y abrazar la vida, rascaban mi cuerpo, acercaban mi comida. Desde cachorro las pegué en oración, ataron los cordones, torpes cuando intenté de sostener a tu padre, cuando grande con mi anillo de bodas demostrando que amaba a alguien especial. Temblaron cuando enterré a mis padres, cuando caminé por el pasillo con mi hija en su boda. Me he cubierto mi rostro cuando los humanos me quisieron patear, las he tenido cortadas de tanto caminar buscando comida, pero por sobre todo estas patas me ayudan a levantarme y a sentarme, y se siguen pegándose para orar.

Estas patas son la marca de dónde he estado. Pero más importante aún, es que son ellas las que Dios tomará en sus manos cuando me lleve a casa y allí utilizaré moveré mi cola cuando vea el rostro de Jesús.

Nuestras manos son una genuina bendición y es por eso que las usaremos para abrazar y expresar cariño y afecto a todos esos abuelitos en Danli y recordare todo lo que viví con mi abuelo porque yo ahora seré un nieto para ellos. Nos vemos por Danli pipoles…

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