Humildad, la fortaleza de los justos.



No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:6-7

Satanás teme a la virtud de la humildad. Le aterroriza la humildad y la aborrece. Ve a una persona humilde y siente escalofríos por la espalda. Se le paran los pelos cuando los cristianos se arrodillan, porque la humildad es rendir el alma a Dios. Santanas tiembla ante el manso, pues en la misma área donde una vez acceso ahora se levanta el Señor y el se aterra de Jesucristo.

La condena para el demonio en el jardín del Edén fue, "Comerás polvo". Y al hombre anteriormente se le dijo: "Eres polvo". Gn. 3:14, 19. La esencia de nuestra naturaleza carnal es el polvo. Satanás come polvo, o sea codicia nuestra naturaleza carnal. Por tanto, reconozcamos que la fuente de muchos de nuestros problemas y opresiones no son demoniacas sino carnal de naturaleza. Nuestra naturaleza carnal siempre será el blanco del diablo. Estas áreas carnales ministran a Satanás una avenida de acceso lista para minar nuestras oraciones y neutraliza nuestro caminar con Dios.

Dejemos nuestra auto justificación para vencernos con honradez a nosotros mismos. Seamos específicos cuando sometamos nuestro ego a Dios. No racionalicemos nuestros pecados, ni nuestras faltas, seamos honestos ante Dios. Muchas de nuestras batallas simplemente son consecuencias de nuestras propias acciones. Superemos lo que es de nuestra carnalidad y lo que es del diablo. Algunas de nuestras amenazas son el reflejo de nuestro yo. Preguntémonos, ¿Las cosas que nos oprimen ahora no serán lo que sembramos ayer?.

En Mateo 5:24,25 "Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.". El Señor habla respecto a un adversario especial, y de un juez particular. En el pasaje citado el adversario es el demonio y el Juez es el Señor Jesucristo. Cuando acercamos a Dios con nuestra propia justicia, el adversario siempre tendrá un acceso legal para echarnos a la cárcel, porque nuestra justicia, son como trapos de inmundicia, Is.64:6 "Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas