El hogar, el pilar de la sociedad.



El hogar, conformado por un matrimonio sólido, es el lugar por excelencia donde se adquieren las enseñanzas más trascedentes de nuestra existencia, por definición, el sitio más idóneo para el aprendizaje. La familia crece dando amor y cuidado, lecciones y aprendizajes creando en los hijos las primeras y más fundamentales enseñanzas sobre idioma, cultura, principios, valores, hábitos y costumbres que hacen que un hogar sea fuerte como una roca.


Es importante tener un balance en nuestras vidas para poder tener un balance en nuestro matrimonio, familia y hogar. El tiempo para la familia es realmente muy importante y necesario, disfrutar de la compañía de su cónyuge, ver crecer juntos a los hijos y por sobre todo tener un hogar solido como la roca.


La familia es importante, y es un don de Dios en el cual debemos invertir. Deseo grandemente que cada uno aprendamos a disfrutar el tiempo que compartimos con ella, que podamos entronar a Dios como centro de nuestro hogar en donde cada uno de los miembros tenga una intimidad grande con Dios.


Empecemos a construir hogares fuertes y para ello tenemos que comenzar dedicando tiempo a la familia, enfocarnos en el presente, soltar el pasado. Necesitamos descubrir lo bueno de cada momento, para poder aprovechar al máximo lo que estamos viviendo. Hagamos que cada integrante de nuestra familia tenga un corazón apasionado y lleno de gratitud. La felicidad es una elección y no un sentimiento; es un estilo de vida y no un momento de euforia. La felicidad no es algo que alguien le puede otorgar o producto de la suerte, es una conquista personal que se alcanza con una buena actitud.


Recordemos que el cambio que podamos generar en la sociedad depende de nosotros, de nuestra familia y de nuestro tiempo con Dios Padre.