Las heridas hablan.



Me impresionó ver una noticia donde algunas mujeres celebraban al punto de las lágrimas, la aprobación de una ley que les permite extirpar el fruto de su vientre como si fuera un cáncer maligno, al meditar en esto el Espíritu Santo me ejemplificaba lo que pasa con muchas de ellas, y es que las heridas hablan, de diferentes maneras:


- Vientre roto: es un vientre que bota su fruto intencionalmente antes de estar listo y esto es producto de un corazón roto, son mujeres que han abierto su corazón al hombre incorrecto y fueron lastimadas, muchas de ellas en su afán de llenar un vacío siguieron intentando con otros y al final simplemente acumularon más heridas y vacíos. Y en el peor de los casos fueron víctimas de algún tipo de abuso, y esas heridas se vuelven tan profundas que no son capaces de dar a luz otra vida.


- Vientre huérfanos: Mujeres que si dan a luz a sus hijos; pero no han sido capaces de brindar ese amor que Dios dispuso que una madre debe dar a sus hijos, no se convirtieron en ese lugar seguro que cada niño necesita al llegar a este mundo y esta es la consecuencia de un corazón rechazado. Tristemente el desprecio o rechazo del cual fueron víctimas, es una cadena que se repite a través de las generaciones y produce personas sin identidad, con un espíritu de orfandad.

- Vientre mara: Son mujeres que han sufrido abuso verbal y da a luz en un estado de amargura emocional, transmitiendo a sus hijos frustración, y esta es tal que puede llevar a truncarles el futuro, ya que lo ata con palabras de maldición y menosprecio. Palabras que quedan en el subconsciente del niño y cada vez que intenta hacer algo, esas palabras cobran vida en su realidad convirtiéndolo en tierra no productiva.


Del vientre procede la vida y está es sólo una forma de ver el fruto que está dando tu vida. Si hoy tu vida es como una carga pesada, te sientes desprotegida, o no hay satisfacción en ella, necesitas ver que herida es la que habla más fuerte y tenes que saber que el Señor Jesús pago por tu sanidad.


Te conocía aun antes de haberte formado en el vientre de tu madre; antes de que nacieras, te aparté y te nombré mi profeta a las naciones.

Jeremías 1:5 NTV