Mi primer amor.




Dicen que el primer amor que conoce una mujer sucede cuando aún es niña y es a través del amor de su papá terrenal. Algunas, por diversas situaciones ajenas a nuestras manos, no logramos conocer del todo ese amor, o al menos no como esperamos o vemos que lo tiene la que tenemos a lado. Así que, buscamos en otras figuras masculinas llenar ese vacío y nos aferramos con lo que podemos a ese amor de película.


Así es como emprendemos una búsqueda constante de seguridad, protección, cariño y detalles que nos hagan sentir valoradas, y lo más importante es que permitimos que nuestra identidad sea definida por ese amor. Por muchos años la búsqueda de ese amor para mí fue una desilusión. Pensé que no lo conocería de niña, tampoco siendo una adolescente, quizá con mucha suerte de adulta, al casarme, conocería ese amor del que hablaban.


Una y otra vez nos desilusionamos en esa búsqueda; sin embargo, llegaron a mí dos noticias que te quiero compartir. La primera la encontramos en 2 de Corintios 6:18: “Y yo seré su Padre, y ustedes serán mis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” y la segunda la leemos en Mateo 19:14 cuando Jesús dijo: “Dejen que los niños vengan a mí. ¡No los detengan! Pues el reino del cielo pertenece a los que son como estos niños”. ¡Esto quiere decir que soy hija de Dios! Y para serlo, mi corazón debe ser como el de una niña. ¡Entendido! Lo creí, me apropié de esas palabras y ahora les puedo decir con propiedad que tenían razón cuando decían que el primer amor se conoce de niña a través de Papá.


Me enamoré como niña y empecé de cero, comprendí que nuestro padre perfecto es Dios y que nuestro padre terrenal es un reflejo imperfecto de cómo es Dios como padre. Sin importar las fallas humanas de nuestro papá terrenal, encontramos ese primer amor en Dios quien es, el dador de toda paternidad. Este primer amor que conocí no se mendiga, da seguridad, es incondicional sin importar la hora, el lugar o el día y no da temor en lo absoluto (1 Juan 4:18). Papá me mostró mi identidad, Él fue capaz de transformarme en una persona nueva y cambió mi forma de pensar (Romanos 12:2). A través de Él aprendí a ver y recibir el amor correcto en la tierra aceptando así, la imperfección humana.

Hoy quiero decirte: acepta su paternidad, hazte heredera, cree en Él y recíbelo; déjate guiar por Él y, sobre todo, déjate amar como una hija escogida. Dios es nuestro Padre perfecto.

“Pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios.” Juan 1:12