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El pequeño hábito que lo cambia todo.

  • Foto del escritor: Somos por Jesús
    Somos por Jesús
  • hace 17 horas
  • 2 Min. de lectura
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Vivimos en un mundo donde todo va tan rápido que a veces se nos olvida lo esencial: dar gracias. Y no, no solo cuando nos sirven la comida o cuando encontramos estacionamiento cerca del súper. Me refiero a agradecer por lo que ya tenemos, especialmente en el matrimonio.


¿Tienes un esposo que ronca como oso en hibernación? ¡Agradece! Significa que tienes a alguien a tu lado. ¿Tu esposa te repite por quinta vez que saques la basura? ¡Aleluya! Eso quiere decir que hay alguien que se preocupa por el orden del hogar y por ti, aunque no lo diga con flores.


La gratitud es como el aceite en el motor del matrimonio: sin ella, todo empieza a estropear. Cuando dejamos de enfocarnos en lo que nos falta y comenzamos a ver lo que ya tenemos, salud, un techo, hijos que gritan pero están sanos, una pareja que, aunque imperfecta, sigue eligiéndote cada día; algo cambia. El corazón se ablanda, las discusiones se hacen menos dramáticas y hasta el café sabe mejor.


La Biblia lo dice clarito: Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:18). No dice “dar gracias cuando todo esté perfecto”, sino “en todo”.


Cuando agradeces, dejas de exigir tanto y empiezas a valorar más. Dejas de mirar lo que falta y comienzas a ver lo que abunda. Y eso transforma el ambiente del hogar. Un “gracias por hacer el desayuno” puede cambiar el tono de todo el día. Un “gracias por estar aquí” puede sanar heridas que llevan tiempo abiertas.


Ser agradecido no significa conformarse, sino reconocer que lo que tenemos hoy es un regalo. Y cuando agradeces, valoras. Y cuando valoras, cuidas. Y cuando cuidas, amas de verdad.


¿Qué pasaría si hoy decidieras agradecer por lo que ya tienes?


- Por esa pareja que, aunque no es perfecta (spoiler: tú tampoco lo eres), sigue eligiéndote cada día.

- Por la salud, aunque sea con una que otra dolencia, pero con fuerzas para seguir.

- Por los hijos, que aunque a veces parecen salidos de una película de acción, son una bendición que llena la casa de vida.

- Por el techo, la comida, el café compartido, las risas tontas, las discusiones que terminan en reconciliación, hasta por el aparato que tienes en tus manos con el cual lees esto.


No necesitas una vida perfecta para ser agradecido. Solo necesitas abrir los ojos y mirar con intención. Así que hoy, en medio del corre-corre, haz una pausa. Mira a tu pareja. Agradece por esa persona que comparte la vida contigo, por los momentos buenos y los no tan buenos (que también enseñan). Agradece por el amor, por la risa, por las segundas oportunidades.


Porque el amor no se trata de perfección, sino de presencia. Y si tienes a alguien que camina contigo, ya tienes mucho por lo cual dar gracias. Haz del agradecimiento un hábito porque cuando uno agradece, el amor se renueva, la paciencia se estira y el corazón se ensancha.


Dios ha sido bueno con cada uno de ustedes.

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